Cosas que sangré bajito nació casi por casualidad.
Había un concurso literario al que quería presentarme, así que escribí dos poemas con la intención de participar. Cuando leí detenidamente las bases, me di cuenta de que no terminaban de encajar conmigo ni con lo que quería hacer.
En lugar de apostar por ese concurso decidí buscar una editorial y probar suerte. No sabía qué podía pasar, de hecho no tenía ninguna esperanza; simplemente envié mis poemas y esperé.
Unos días después recibí un mensaje: me habían aceptado.
Y, a partir de ahí, nació el poemario.
Lo que comenzó con dos poemas escritos para un concurso terminó convirtiéndose en un libro. Un libro que me obligó a mirar hacia dentro, a sacar palabras de lugares que quizá todavía dolían y a convertirlas en versos.
Supongo que, para darle la bienvenida a Cosas que sangré bajito, tuve que hacer algo muy sencillo y muy difícil a la vez: fragmentar un poco mi corazón y dejar que cada pedazo encontrara su lugar entre las páginas.
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